La trágica muerte de la muchacha de Massachusetts de 15 años de edad, Phoebe Prince, ha demostrado, una vez más los límites de la autoridad en lo que concierne a tratar con la intimidación cibernética.
Tres semanas después de que se ahorcara la estudiante de la South Hadley High School debido a semanas de implacable intimidación cibernética, solamente han ocurrido dos suspensiones. Aunque aún se están llevando a cabo investigaciones, tanto por la escuela como por las agencias policiales, parece muy remoto el que alguien vaya a ser juzgado responsable.
Mientras tanto, algunos proyectos de ley contra la intimidación cibernética permanecen pendientes en varias legislaturas estatales, todas las cuales están diseñadas para detener y castigar pero probablemente ninguna de ellas para ejercer un fuerte impacto sobre los jóvenes atrapados en la montaña rusa emocional que caracteriza a la mayoría de las escuelas secundarias y preparatorias.






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